
Bienvenidos a Battle for Embolia!
Confieso que nunca antes había jugado un MMORPG. Entré completamente ciego, sin saber realmente qué esperar de mi primera experiencia en el género, pero definitivamente no estaba preparado para esto: cobrar 10 dólares reales o imponer un muro de grind de un millón de monedas de oro solo para darle al jugador el privilegio escatológico de orinar sobre otros es una decisión de diseño... salvaje. Bienvenidos a Battle for Embolia, vamos a darle un repaso.

Battle for Embolia es uno de esos juegos que obligan a hacerse una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto una broma puede sostener un MMORPG entero? El juego tiene una estética muy marcada por los años 2000; recuerda a otros títulos como Diablo o a los primeros años de League of Legends. En ese sentido resulta bastante tradicional, al menos hasta que empiezas a recorrer el mundo. Entonces aparecen ubicaciones como el Valle de los Boludos o el Desierto de Sobakko y queda claro que Embolia no tiene ningún interés en mantener una ambientación solemne o coherente. Y quizá el título era una advertencia desde el principio. Quizá la verdadera Battle for Embolia consiste en evitar una embolia mientras juegas.

Fantasía épica vs. Recoger heces
Al momento de probar la beta cerrada había tres clases disponibles: mago, tanque y asesina. Dentro de mi ignorancia decidí escoger el tanque y, para ser justos, la experiencia inicial resultó bastante entretenida. Buenos atributos, ataques satisfactorios y una apariencia imponente. Sin embargo, la primera misión consistía en recoger heces frente a la casa de un vecino. Así que tenía frente a mí a un guerrero enorme, con aspecto de Ghost Rider y armado con un mazo gigantesco, dedicado a limpiar excrementos de perro. No es exactamente la fantasía heroica que esperaba encontrar en mi primer MMORPG.
Eso sí, la música es bastante acertada. En especial la que suena en la ciudad de Embolia, que resulta apacible y transmite una agradable sensación de aventura. Es uno de los pocos elementos que logra reforzar la idea clásica de estar iniciando un gran viaje.

El problema del diseño y el "worldbuilding"
El diseño de enemigos, en cambio, deja más dudas. No solo permanecen inmóviles hasta que el jugador se acerca y carecen de comportamientos diferenciados, sino que además gran parte de las zonas repiten la misma estructura: eliminar enemigos comunes para invocar un miniboss. A esto se suma que muchos rivales reutilizan exactamente los mismos ataques sin una explicación clara dentro del mundo del juego, lo que termina haciendo que los enfrentamientos pierdan identidad con bastante rapidez.
En cuanto al worldbuilding, el propio desarrollador reconoce que nunca tuvo interés en construir una narrativa épica tradicional. Su objetivo era crear una parodia de los MMORPG que se toman demasiado en serio a sí mismos. Según explica, prefiere prescindir de una historia antes que recurrir a una trama genérica. También afirma que intentó replantearse muchas de las convenciones del género, especialmente aquellas que considera aburridas, como las clásicas misiones de recadero o las cadenas de "mata 10 lobos" seguidas por "mata 20 lobos". Es una postura coherente con el resto del proyecto, aunque también ayuda a explicar por qué el mundo de Embolia puede sentirse más como una colección de chistes internos que como un universo con identidad propia.

La monetización del teabagging
La misma filosofía se refleja en la monetización. Mientras muchos MMORPG venden ventajas, aceleradores de progreso o espacio de inventario, el creador de Embolia asegura que quiso evitar cualquier incentivo que empeorara deliberadamente la experiencia de los jugadores gratuitos. Según su visión, vender poder suele generar diseños donde el juego empuja artificialmente al usuario hacia la compra. Por ello, la suscripción evita ofrecer mejoras de estadísticas o progresión y se centra en elementos visuales y cosméticos. El ejemplo más llamativo es precisamente la posibilidad de orinar sobre otros jugadores, una función que, según explica, nació como un experimento inspirado en la necesidad de algunos jugadores de humillar a sus rivales de formas similares al famoso teabagging de los shooters.

Quizá lo más interesante de Battle for Embolia no sea lo que hace, sino por qué lo hace. Detrás de cada decisión extraña parece existir un intento genuino de cuestionar las normas de un género que lleva años repitiendo muchas de las mismas ideas. El problema es que desafiar una convención no siempre significa reemplazarla por algo mejor. Entre el humor escatológico, la ausencia deliberada de una narrativa sólida y una identidad construida casi exclusivamente alrededor de la parodia, Embolia logra destacar entre la multitud. La cuestión es si destacar era suficiente.