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Indies · Reseñas
Reseña de Flesh Made Fear: horror inspirado en los clásicos de PSX

Flesh Made Fear: survival horror estilo PSX

Apenas descubrimos que tendríamos que buscar y destruir a un supuesto Dr Destripador sabíamos que las probabilidades de que nuestro equipo llegara íntegro a los créditos finales eran muy escasas.

En Flesh Made Fear formas parte de un equipo enviado a un pueblo para detener al Dr. Ripper, quien realizó experimentos tanto con la población como consigo mismo. Dependiendo del personaje que elijas, habrá ubicaciones exclusivas a las que solo él podrá acceder. Esto queda claro apenas comienza la pesadilla: Bill, el cabeza de rodilla al mando del escuadrón, nos divide en dos equipos para bajar el puente que conecta con el pueblo.

Muy valientes hasta que los acorralan

Bienvenidos a Rootwood

Lo primero que notamos son los graficos ásperos, los controles tipo tanque y la cámara fija. Efectivamente, FMF es ese tipo de juego.

Los primeros 45 minutos de juego son… cuando menos demasiado suspensivos. Todo está demasiado silencioso. Apenas hay luces, no hay gente, ni animales, ni una explicación de porque la sangre decora las paredes de los vecinos. En este tiempo has perdido tu radio, el contacto con tu compañero y te quedas solo a merced de cualquier criaturita del señor que pueda esperarte dentro de Rotwood.

Sin importar qué personaje elijas, tu primer gran objetivo será entrar en la gasolinera. Para conseguirlo, tendrás que buscar una llave cerca de un cuerpo sospechoso. Les aseguro que ya sabía lo que iba a pasar al interactuar con el cadáver; aun así, di un brinco. Apenas me acerqué, el muerto se levantó para estirar las piernas e intentar darse una merienda a costa de nuestros sesos.

Es tan obvio y tan efectivo al mismo tiempo

Afortunadamente, tanto Jack como Natalie son conscientes de sus derechos y saben que ningún zombi puede devorarles el cerebro sin su consentimiento. Para recordárselo, le escupen al susodicho una buena dosis de plomo. Dicho sea de paso, a partir de ese momento las calles se inundan de zombis. No vale la pena desperdiciar munición: son demasiados. No queda otra que intentar llegar a la gasolinera, donde, por cierto, hay más zombis esperándote.

Después de una secuencia entre bosques, casas abandonadas y una bañera llena de… orina probablemente podremos bajar el puente solo para descubrir el vehículo del escuadrón averiado por una criatura con enormes espadas. Naturalmente tu personaje se esconde porque estará bien entrenado pero pendejo no es.

Inventario de terror

Tu nueva misión consiste en volar el bloqueo que hay al otro lado del mapa con una bomba improvisada. Los planos se encuentran en un cobertizo y la receta requiere gasolina, solventes, cinta adhesiva y —ah, sí— una carga explosiva parecida al C-4 que, convenientemente tenemos a la mano.

Jack improviso una bomba con gasolina, cinta adhesiva y una bomba

Quizá aún no lo he mencionado, pero los escenarios están llenos de puzles necesarios para avanzar. Para resolverlos hay que administrar muy bien el inventario. ¿Encontraste bolsas de sangre? ¡Estupendo! Pero quizá ya no tengas espacio para recoger el medallón que abre la siguiente puerta. ¿En serio necesitas cargar todas las armas y su munición? Buena suerte intentando recoger esa estatuilla.

Para aliviar el problema, hay baúles que conservan los objetos y permiten recuperarlos desde otras zonas. Casi siempre están cerca de una estación de guardado, para la cual necesitas cajas de cera, que también ocupan espacio. Por si no había quedado claro: los guardados son limitados.

Hay bastante munición durante el recorrido, además de ingredientes para fabricar tus propias balas. Sin embargo, cuando crees que estás armado hasta los dientes, aparece un jefe o una horda que agota todos tus recursos. Por eso siempre conviene evitar el combate directo. A veces, la cámara también te traiciona con ángulos muy cinematográficos que bloquean la vista de los enemigos o de las salidas del escenario.

Desesperación

Uno de los principales defectos del juego está en la tercera sección, que se vuelve abrumadoramente extensa. Hay demasiados puzles, recorridos y backtracking, lo que termina por devorar tus cajas de cera. Recuerdo haber llegado a esta parte con 16 cajas y haberla terminado con apenas seis. Morir sin haber guardado significaba repetir secciones enteras de puzles en las que había que evadir cantidades monstruosas de enemigos.

No podemos juzgarlos por tener tradiciones diferentes a las nuestras; quizá solo son extranjeros haciendo bailes folcloricos

Además, es una zona muy laberíntica en cuanto a sus objetivos. En un momento estás recogiendo piezas para un mecanismo y, al siguiente, debes desviarte por completo para cumplir otra tarea, todo mientras sigues cargando en el inventario las baratijas del primer puzle. Durante buena parte de esta sección no hay baúles disponibles, y buscar uno significa navegar entre montones de cadáveres sedientos de sangre. Es un nivel que, al menos yo, no deseo repetir.

El Dr. Ripper y el veredicto final

El último capítulo puede resultar desafiante si llegas mal preparado, aunque el juego evita dejarte completamente vendido: todavía reparte suficientes municiones y recursos para superar sus numerosos enfrentamientos con algo de paciencia.

Después de perseguir al Dr. Ripper por medio Rotwood y conservar balas como si fueran lingotes de oro, el esperado enfrentamiento parece estar cerca pero la confrontación que lleva toda la aventura anticipando termina resolviéndose de una manera demasiado rápida y pasiva. No convierte el desenlace en uno malo, aunque sí resulta anticlimático después de tantas horas persiguiendo al responsable de la pesadilla. Puede que fuera un villano intelectual de monólogos pero incluso su stage final parecía prometer más de lo que finalmente ocurrió.

Mucho hocico para un cabrón que no aguanta un plomazo

En conclusión, Flesh Made Fear es un buen juego: sabe lo que hace y cómo hacerlo. No es solo otro título que intenta replicar la estética de PSX; por el contrario, la comprende, la planifica y la aprovecha. Rotwood es incómodo, hostil y, durante buena parte de la aventura, genuinamente inquietante.

Una tercera sección agotadora y un desenlace anticlimático le restan fuerza, pero disfruté la mayor parte del recorrido y, solo por eso, creo que vale la pena.

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