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miguel-corleone·hace 4 d
Reseñas · Acción
Reseña de Gallipoli: brillante combate, estrategia cuestionable

La Primera Guerra Mundial sigue siendo un conflicto con muchísimo terreno por explorar dentro del videojuego. Mientras que el frente occidental, las trincheras y los enfrentamientos entre las principales potencias europeas han sido representados en numerosas ocasiones, otros escenarios han recibido mucha menos atención. Ahí es donde Gallipoli encuentra su principal atractivo: llevar al jugador hasta el teatro de operaciones otomano en su conjunto ,desde la península de Galípoli hasta el frente de Mesopotamia, para recrear algunos de los combates más importantes de una campaña que todavía hoy permanece en un segundo plano dentro del género.

Desarrollado por Blackmill Games y distribuido junto a Focus Entertainment, el juego vuelve a apostar por una fórmula que ya conocemos. Gallipoli es un shooter multiplayer centrado en la Gran Guerra que deja de lado el frenetismo habitual para plantear enfrentamientos más pausados, donde la posición, la coordinación y la capacidad para esperar el momento adecuado tienen mucha más importancia que conseguir decenas de eliminaciones.

No es un juego que premie especialmente al jugador que decide actuar por su cuenta. La experiencia está pensada para formar parte de una unidad y colaborar con el resto del equipo. Los objetivos obligan a conquistar o defender posiciones, destruir determinados puntos estratégicos y avanzar progresivamente sobre las líneas enemigas. Ir directamente hacia el objetivo sin ningún tipo de planificación suele acabar con el personaje en el suelo en cuestión de segundos. Y esa vulnerabilidad es precisamente uno de los elementos que mejor funcionan.

La guerra desde otra perspectiva

Uno de los grandes aciertos de Gallipoli es la elección de los escenarios. La selección de escenarios no se limita a reproducir una única zona del conflicto, sino que permite combatir en localizaciones relacionadas con los desembarcos del ANZAC en Galípoli, diferentes posiciones de la península y los escenarios de Mesopotamia.

El cambio de paisaje tiene un efecto importante sobre las partidas. Las costas, los desfiladeros, las posiciones defensivas, las zonas áridas y los entornos urbanos hacen que el juego tenga una variedad visual considerable. Pero más importante todavía es el contexto histórico.

La campaña de Galípoli es uno de los episodios más conocidos de la Primera Guerra Mundial, pero ni mucho menos cuenta con la misma presencia en los videojuegos que el frente occidental. Lo mismo sucede con las operaciones en Mesopotamia. Gallipoli aprovecha esa ausencia para ofrecer una ambientación que resulta fresca incluso dentro de una saga especializada en la Gran Guerra.

El conflicto otomano aporta además una identidad visual y jugable diferente. No da la sensación de estar recorriendo una simple variación de los escenarios que ya hemos visto en otros shooters de la Primera Guerra Mundial.

Disparar menos también puede ser divertido

El ritmo es probablemente el aspecto que más define a Gallipoli. Las armas no están diseñadas para convertir cada enfrentamiento en una sucesión de disparos rápidos. Los rifles requieren una preparación y una gestión cuidadosa de cada oportunidad. La recarga, el apuntado y la elección del momento adecuado forman parte del combate.

Esto puede resultar poco atractivo durante las primeras partidas para quienes estén acostumbrados a shooters más inmediatos, pero acaba siendo uno de los elementos que le proporcionan personalidad.

Aquí, un enemigo que aparece durante unos segundos puede representar una oportunidad que no volverá a repetirse. Disparar demasiado pronto puede revelar nuestra posición y dejar al jugador expuesto. Esperar unos segundos puede ser la diferencia entre conseguir una baja o terminar recibiendo un disparo.

El sistema de supresión aumenta todavía más esa sensación de vulnerabilidad. Cuando una posición empieza a recibir fuego de ametralladora, la situación cambia rápidamente y mantenerse en ella puede resultar complicado. La munición también debe administrarse con cierto cuidado, evitando convertir cada enfrentamiento en un intercambio indiscriminado de proyectiles.

No es una experiencia especialmente accesible para quien busque acción constante, pero esa tampoco parece ser la intención de Blackmill Games.

Cada soldado tiene una función

La variedad de clases está directamente relacionada con esta filosofía. Gallipoli dispone de diez roles diferentes, cada uno pensado para cubrir determinadas necesidades del equipo. Existen funciones orientadas al mando, al fuego de apoyo, al reconocimiento, a la precisión a larga distancia o a la asistencia médica, entre otras.

La elección de clase puede cambiar bastante la forma de afrontar una partida. Un jugador dedicado a proporcionar fuego de cobertura puede ser decisivo durante un avance, mientras que un médico puede mantener operativa a una escuadra que, de otro modo, tendría que regresar constantemente desde el punto de reaparición.

La cooperación no es, por tanto, un simple añadido. Es una parte fundamental de la experiencia. Cuando varios jugadores entienden lo que tiene que hacer cada uno, el juego gana muchos puntos. Avanzar mientras otros cubren los flancos, aprovechar una ametralladora para fijar al enemigo o recuperar a un compañero herido puede generar situaciones mucho más satisfactorias que conseguir una simple racha de eliminaciones.

El chat de proximidad también contribuye a ello y puede producir algunos de los momentos más espontáneos de las partidas.

Un apartado audiovisual que cumple

En lo técnico, Gallipoli no pretende competir con los grandes lanzamientos AAA. Hay aspectos que podrían estar más pulidos, especialmente algunas animaciones y determinados movimientos del personaje.

También pueden aparecer problemas puntuales relacionados con la estabilidad o el registro de impactos, algo especialmente molesto en un juego donde acertar un disparo puede ser determinante. Aun así, el conjunto resulta convincente.

El diseño de los mapas consigue transmitir la dureza de los diferentes frentes y el sonido tiene un papel importante en la inmersión. Las armas, las explosiones, las ametralladoras y las voces de los soldados ayudan a crear una atmósfera de combate mucho más intensa cuando una partida entra en su fase más complicada. No es espectacularidad técnica, sino una ambientación eficaz, y en este caso cumple con su cometido.

El gran problema no está dentro de las partidas

Hasta aquí, Gallipoli puede defenderse bastante bien. El problema aparece cuando dejamos de analizarlo como un producto independiente y observamos quién lo desarrolla y, sobre todo, qué ha ocurrido con sus anteriores juegos.

Blackmill Games lleva desde 2015 desarrollando shooters PvP ambientados en la Primera Guerra Mundial. Desde entonces hemos tenido Verdun, Tannenberg, Isonzo y ahora Gallipoli.

La complicación radica en que la compañía parece haber optado por una estrategia que resulta difícil de entender desde el punto de vista del jugador. En lugar de concentrar una base de jugadores relativamente pequeña en un único título y mantenerlo vivo durante años, cada nuevo frente se convierte en otro juego independiente. Esto provoca una fragmentación evidente.

La gente interesada en este tipo de experiencias termina repartida entre cuatro títulos diferentes. Y teniendo en cuenta que no estamos hablando de una franquicia con millones de jugadores, dividir todavía más esa comunidad puede convertirse en un problema serio.

La consecuencia ya la conocemos: cuando los servidores empiezan a quedarse vacíos, las partidas se rellenan con bots.

Evidentemente, desde el punto de vista del desarrollador es una solución práctica. Un jugador que entra en una partida y encuentra servidores completamente vacíos probablemente abandone el juego. Los bots permiten mantener la actividad y evitar que el título sea literalmente injugable.

Pero también plantean una contradicción bastante importante: estamos hablando de juegos cuyo principal atractivo es el PvP. Si los jugadores reales desaparecen y las partidas terminan dependiendo cada vez más de la inteligencia artificial para completar los equipos, ¿qué sentido tiene comprar cada nuevo lanzamiento? Esta es la gran duda que deja Gallipoli.

No se trata de afirmar que el juego vaya a quedarse sin jugadores inmediatamente ni de decir que actualmente no sea posible disfrutar de él. El problema es la trayectoria. Verdun, Tannenberg e Isonzo han seguido un camino similar, y ahora Gallipoli se incorpora a una colección de juegos que comparten público en lugar de concentrarlo.

Después de tantos años, sería razonable preguntarse si no habría sido mucho más interesante crear una única plataforma de la Primera Guerra Mundial y ampliar progresivamente sus contenidos.

Un juego que pudiera incorporar el frente italiano, el oriental, Galípoli, Mesopotamia y otros escenarios mediante nuevas campañas y mapas tendría una ventaja evidente: todos los jugadores estarían jugando dentro del mismo ecosistema.

En cambio, con cuatro títulos independientes, cada lanzamiento tiene que volver a empezar la batalla por conseguir una comunidad suficiente. Y eso afecta directamente a la decisión de compra.

¿Comprar Gallipoli o esperar?

La respuesta depende mucho de lo que busque cada jugador. Como experiencia jugable, Gallipoli tiene suficientes argumentos para resultar atractivo: La ambientación es diferente, las armas obligan a cambiar de mentalidad y el juego en equipo puede ofrecer partidas realmente intensas.

Para alguien interesado en la Primera Guerra Mundial, además, es una oportunidad de conocer una parte del conflicto que no suele aparecer en este género. Pero existe una diferencia entre recomendar un juego y recomendar su compra a largo plazo.

Si el principal temor del jugador es que dentro de unos años tenga dificultades para encontrar partidas con personas reales, la trayectoria de Blackmill Games no ayuda precisamente a despejar las dudas.

Los bots solucionan el inconveniente inmediato, pero no solucionan el dilema de fondo. Un servidor lleno de inteligencia artificial puede mantener técnicamente una partida abierta, pero no puede reproducir completamente la imprevisibilidad, la coordinación y el caos que hacen atractivo un enfrentamiento PvP.

Y esa debería ser precisamente la prioridad de un juego de estas características: conseguir que la comunidad tenga motivos para permanecer.

Conclusión

Gallipoli demuestra una vez más que Blackmill Games sabe hacer shooters de la Primera Guerra Mundial con personalidad. La elección del frente otomano es un acierto, el ritmo pausado encaja con su propuesta y las clases, la gestión de la munición y el sistema de combate consiguen que trabajar en equipo sea mucho más importante que jugar individualmente.

También es un título que puede servir para descubrir un escenario histórico poco representado en los videojuegos y demostrar que la Gran Guerra tiene muchas más historias que contar aparte de las habituales trincheras del frente occidental. Sin embargo, cuesta valorar Gallipoli sin hablar de la política de lanzamientos del estudio.

También es un título que puede servir para descubrir un escenario histórico poco representado en los videojuegos y demostrar que la Gran Guerra tiene muchas más historias que contar aparte de las habituales trincheras del frente occidental. Sin embargo, cuesta valorar Gallipoli sin hablar de la política de lanzamientos del estudio, la cual termina lastrando un producto que, por méritos propios en lo jugable, merecía llegar mucho más lejos.

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