Radiotext es un juego narrativo de misterio y hackeo con estética de terminal retro, ambientado en una red de comunicación por radio de los años noventa. Fue desarrollado y publicado por Alp Arslan, desarrollador independiente de Turquía, y salió el 28 de septiembre de 2026. La premisa es simple y atractiva: una desconocida te entrega una memoria USB en un callejón, la conectas y entras a una red olvidada donde terminas formando parte de un levantamiento hacker contra las corporaciones.
Todo ocurre dentro de la terminal. Hablas con los usuarios de la red, escribes tus respuestas a mano y resuelves acertijos de radio para descubrir qué está pasando. Algunos personajes son amables, otros están rotos y otros ni siquiera están vivos.

Chatear sin rumbo
El corazón del juego son las conversaciones. A diferencia de otros juegos del estilo, aquí no eliges entre opciones ya escritas: tienes que escribir lo que quieres decir. Pocas veces hay palabras ocultas que abren caminos distintos. Cuánto profundizas en una charla y con quién hablas te da pistas para tomar mejores decisiones, y eso hace que escuchar con atención se sienta recompensado. El juego tiene varios finales y sigue el estilo de Papers, Please, donde puedes seguir rutas con distintos altercados dependiendo de en quién confías o para quién trabajas.
Sin embargo, el juego no ayuda a avanzar en la trama de una manera cómoda a través de la interfaz. No solo es lento navegar por ella, sino que no acompaña a la hora de agilizar el ritmo de juego. Los menús son lentos y, al cargar una partida guardada, hay que esperar un minuto o más hasta que se abren todos los chats (que no es muy placentero de oír tampoco).
Con tantos textos en pantalla, para escribir tienes que bajar obligatoriamente hasta el último mensaje, y no ves lo que escribes hasta que llegas. Esto hace que la navegación sea agotadora. En un juego donde tienes que manejar tantos chats e información a la vez, termina siendo incómodo.
Para tratarse de una terminal, no te deja usar los comandos de una manera ágil ni te da la responsabilidad de afrontar el desafío de descifrar o realizar comandos simples a tu manera.
El simple hecho de cambiar un ajuste de audio o de interfaz
me obliga a entrar en menús o secciones, en vez de haberlo hecho como una
carpeta o un programa. Esto le quita la capacidad de saltarte código. En un
juego con múltiples finales, eso le daría al jugador una mayor sensación de
haber dominado la terminal, pero esto no es posible en Radiotext.

Una red sin mucho carisma
La historia se cuenta casi por completo mediante diálogos y cumple con lo justo: hay misterio, desconfianza y personajes que cumplen su función. No me parecieron personajes atractivos ni carismáticos. Si bien cada uno cuenta una faceta nueva del mundo, se quedan sin mucho que ofrecer. Se quedan en el estereotipo y muchas veces son un tutorial andante; cuando quieren contarte algo, la trama no les da tiempo para desarrollarse.
Lo peor es el usuario que controlamos: nunca lo conocemos
realmente. Quiere ponerse en la situación de alguien normal en una situación
alocada, pero se queda sin ninguna caracterización particular, solo un chico
que hace mandados.
Los puntos más interesantes de la historia, sin duda, son sus acertijos. Vas a desencriptar textos, hackear servidores, interceptar comunicaciones y reunir información de infiltrados.

Una habitación a oscuras
Radiotext casi no necesita imágenes. Todo pasa en una terminal retro, con texto, chats y nodos sobre fondo oscuro. Hasta puedes cambiar los colores y mover los nodos, así que termina siendo tu propia computadora antigua.
Lo que más me gustó es el tono. Desde el principio sabes que algunos usuarios ya no están vivos, y eso alcanza para que cada charla te deje con mala espina. Nadie te amenaza, pero tampoco confías en nadie. Y el silencio entre mensaje y mensaje hace el resto: esperar la respuesta de alguien que quizás te está mintiendo da más nervios que cualquier susto.
Conclusión
Radiotext tiene buenas ideas: decidir en quién confiar, acertijos propios del mundo computacional y una ambientación oscura que se sostiene en el silencio y la desconfianza. Aun así, el diálogo es limitado y casi no hay libertad real al conversar.
La ejecución es lo que más le pesa: menús lentos, una carga de partida larga y una terminal que no te deja usar comandos ni sentirte dueño de ella. Además, sus personajes son estereotipados y el protagonista no tiene personalidad. Es recomendable por su atmósfera y su premisa, pero se queda corto en lo que podría haber sido.