Era una tarde de viernes como cualquier otra en la ciudad; el cielo gris anunciaba una tempestad como ninguna antes vista. Algunos se habrían alegrado por tener lluvia en un lugar tan seco como el mío, pero solo pensar en el tráfico me revolvía el estómago.
Fue entonces cuando vi este título por primera vez: Sockpuppet Noir, desarrollado y publicado por Lizard Factory, había llegado a mi bandeja como un jugoso pedazo de carne en un restaurante. ¿Y yo? Yo estaba hambriento por devorarlo.
No hay mucha gente dispuesta a ensuciarse las manos con un título sobre calcetines, pero algo dentro de mí decía que este era especial. Inicié una nueva partida, aun sin saber qué me esperaba, pero después de haber completado Chicken Police, estaba más que preparado para lo que fuera que estuviera delante de mí.
Se trataba de una novela visual protagonizada por calcetines con un fuerte olor a cine noir. Lo primero que llamó mi atención fue una opción que permitía que usara mi micrófono para narrar los diálogos, sustituyendo la voz de uno o varios personajes a la vez, mientras las marionetas se movían de forma animada; la sensación fue tan inmersiva que todavía conservo el rol del detective experimentado y cansado que el protagonista Frank Sockowski interpretó en este título.
Un caso con muchos hilos sueltos
Y luego está la presentación: al igual que en muchos juegos del género, era recibido con una imagen de la oficina del protagonista. Había visto tantas escenas similares que parecía ya un requisito necesario para lanzar un título de este estilo; no fue hasta que avancé a la siguiente pantalla que me vi sorprendido. En la selección de nivel había tres tarjetas, cada una con un misterio diferente, pero estas cápsulas ofrecían un arte que solo podría describir como el de una cartelera de teatro que presenta su función estelar. Si bien es cierto que uno de los tres expedientes estaba en proceso de reescritura, decidí atacar el primer caso: Shot and directed.
Luces, cámara y... ¡Muerte!Pensé que ya conocía la fórmula de memoria: el detective aburrido esperaba su próxima investigación hasta que una fémina, de la cual se terminaría enamorando, le presentaba un caso sencillo que rápidamente pondría en peligro la vida del pobre diablo que protagonizaba la historia; sí, eso habría sido lo fácil. Para mi sorpresa, el detective Sockowski tenía un visionario sentido de proactividad que lo distinguía desde el minuto uno de otros protagonistas de la escena noir. Apenas se enteró de la noticia de un asesinato durante la filmación de una película, se trasladó de inmediato hasta el estudio con la velocidad de un ave de presa sobre un ratón a la intemperie. La víctima: Peg Silverthread, un actor veterano que había muerto de un disparo entre ceja y ceja gracias al tiro realizado por su compañero de escena, el bien parecido actor Jack Dotson. Parecía la investigación más fácil del siglo, pero el estómago de Sockowski le decía que algo andaba mal.
Para su desgracia, la escena del crimen estaba acordonada y el proceso para unirme al cuerpo de la policía tomaría seis meses, seis meses que mi cliente no estaría dispuesto a pasar tras las rejas.
Este caso empezaba a complicarse más de lo que pensaba; para disipar mis dudas, tuve que visitar al mismísimo Dotson en el penthouse del hotel Fillheel, donde permanecía bajo arresto mientras los incompetentes miembros de la policía intentaban cerrar el expediente.
Las pistas me llevaron de un lado a otro y así conocí a miembros de la producción como Sally Powder, una maquillista a quien Silverthread le había prometido un papel en una película y que curiosamente había dejado sus huellas en el arma homicida.
La chica era asustadiza y sonsacarle información no había supuesto ningún obstáculo: solo tuve que vaciar la lista de preguntas que el juego me ponía enfrente, sin diálogos ocultos ni otro tipo de indicadores, incluso podía repetirlas hasta el hartazgo.

También estaba Polka Rose, la actriz que coprotagonizaba la cinta y a quien Silverthread trataba con desprecio por, según sus propias palabras, ser demasiado vieja para el papel. Encontré a Rose bebiendo como un pecezuelo en The Loose Strings; casi parecía que ocultaba algo. Luego estaba el encargado de la seguridad de las armas, Micky Hyena; él era el responsable de llenar la recámara del revólver con balas de salva y fue una de las últimas personas en interactuar con dicha arma; tal vez esa sonrisa de tonto engañe a la mayoría, pero no a Frank Sockowski.
Claro, también podría echarle un ojo a Charlie Trembleton, el técnico de audio que curiosamente es hijo de Alexkaboom, un doble de riesgo que murió años antes en un trágico accidente que, casualmente, involucraba a Silverthread. También estaba el último sospechoso: Anthony Toehberg. El blanquecino podría describirse como un director quizá demasiado obsesionado con las armas; incluso fue él quien insistió en usar armas reales en vez de réplicas, y sus huellas también fueron encontradas en el arma.
Un misterio tejido con lana, mentiras y cinismo
Un misterio así de complejo no podía resolverse sin recibir apoyo adicional; conforme la trama avanzaba poco a poco, los hilos de esta telaraña parecían envolverme y dejarme sin opciones. Para mi fortuna, encontré un botón que, al ser pulsado, daba una pista de adónde tenía que dirigirme, solo en caso de que me faltara información.
Gracias a las habilidades de persuasión de Sockowski, conseguí entrar en la escena del crimen, donde el hallazgo siguiente era tan atroz como desconcertante. Una segunda pistola había sido arrojada deliberadamente en un contenedor de basura en el área de maquillaje. Además, dos huellas estaban impregnadas en el arma, lo que reducía aún más la lista de sospechosos.
Solo hacía falta llevar mis pruebas a la corte y presentar el caso, pero ¿cómo hacerlo? Todos mis sospechosos tenían motivos reales para asesinar a Silverthread; nadie disfrutaba trabajando con él, pero el tiempo se agotaba. Eso era lo malo de trabajar en un caso de Holeywood: las calles eran falsas, las personas eran falsas y, hasta hacía poco, las balas también eran falsas.

Lamentablemente, mi paso por la corte fue extraordinariamente decepcionante, pues tuve que entregar el caso al juez antes de ser admitido; para mi desgracia, erré totalmente en mi primer intento, y en el segundo, y en muchos otros. Desafortunadamente, el sistema no permite rectificar sobre la marcha, como sí ocurre en otros juegos, por ejemplo, Ace Attorney; el juez simplemente no tiene la paciencia suficiente y ni siquiera permitirá que entres a juicio si no llevas el caso resuelto y, lo peor de todo, al haber tantas variables, resulta casi imposible saber qué combinación te permitirá continuar si fallas en tu primera conjetura.
La verdad de este caso se había vuelto como una mancha de café difícil de sacar: incluso teniendo el 100 % de las pistas, no quedaba claro cuál de todos los sospechosos era el verdadero culpable. No dejaba de obtener el final malo y parecía que todas mis pistas me enviaban a ninguna parte, por lo que, en un intento desesperado, empecé a seleccionar variables al azar hasta que finalmente di con la combinación correcta de personaje, lugar del asesinato, arma homicida y motivo. Es curioso que pudiera tener las tres primeras bien, pero si fallaba en la última, aun así me negaban el paso.
No quisiera arruinar la sorpresa, pero el juicio fue encarnizado; la cantidad de evidencia presentada contra el acusado lo tenía completamente anonadado y sin oportunidad. Sin embargo, también es cierto que podría haber elegido a otro implicado y, de igual forma, presentar otro montón de pruebas que del mismo modo habría acorralado a los otros sospechosos. Es un detalle que, sin duda, habría mejorado la percepción del final malo.
Las opciones de diálogo dentro del juicio resultan tan obvias que casi son ofensivas si se presta atención al resto de la historia.

Caso cerrado
Tras un agotador proceso de redacción, apagué el cigarrillo en el cenicero. Hay poco más que decir sobre un título tan peculiar como Sockpuppet Noir. La música es interesante, pero la mayor parte del tiempo apenas puede escucharse. La estética, sin duda, es su apartado más memorable; se nota que hubo mucho trabajo en la captura de imágenes. Pese a ello, dar un último esfuerzo capturando a los personajes con las bocas abiertas habría dotado de mucha más expresividad a los susodichos. Pero quizá lo que termina de deshilachar al juego es la pobreza con la que llega la resolución: los crímenes son interesantes, pero llevarlos a la corte se vuelve complicado y, una vez allí, ya es imposible cometer errores.
Es una lástima, porque la novela visual merecía tener mejores acabados; en su lugar, esta termina siendo un calcetín con demasiados agujeros. Por mi parte, seguiré buscando otros títulos que merecen ser escuchados y no descansaré hasta lograrlo.