¿Alguna vez desarmaste un walkman o una consola portátil solo por la curiosidad de ver qué tenía adentro? A mí me pasó muchas veces cuando era pequeño, y ReStory: Chill Electronics Repairs, elavorado por Mandragora y publicado por Tiny Build LLC, parece hecho a la medida de esa curiosidad.
El juego nos transporta a Akiba, Tokyo, a mediados de los años 2000, y nos pone al mando de una pequeña tienda de reparaciones de tecnología retro. Pero probablemente decir que es "solo" un simulador de reparación le queda corto: ReStory nos hace revivir una época que muchos apenas recordamos, y de paso nos regala una excusa muy linda para valorar todo lo que ha cambiado la tecnología desde entonces. ¿Cómo lo logra? Invitándonos a mirar esos aparatos antiguos con los ojos de quienes fuimos, niños fascinados y curiosos por cada botón, y con los ojos analíticos y nostalgicos de quienes somos ahora.
Youkoso, atarashii shuuri-ten e: (Bienvenido a tu nueva tienda de reparaciones)
¿Qué se siente ser de dueño una tienda de reparaciones en el Tokio de los 2000?¿Porque se oye mucho hablar tanto del antiguo dueño? Así arranca nuestra aventura en ReStory. A lo largo de la historia vamos conociendo a un grupo de NPCs con personalidades súper marcadas, cada uno con su propio dilema personal, y muchos de esos terminan cruzándose entre sí. Es importante considerar que las decisiones que tomamos frente a ellos importan: influyen en cómo nos perciben y en cómo va evolucionando el vínculo con cada uno.
Encontrarás personajes llamativos como:
Hashimoto, el dueño del local que alquilamos. Es quejumbroso, no soporta el ruido de la ciudad y es bastante hermético con lo personal (le encanta hacer las cosas en secreto). Es también el primero en pedirnos un arreglo: un Pokia 3310.
Haruhi, una chica encantadora que trabaja en un maid café. Es simpática, aunque conviene tenerle un ojo, ya que nos suele reparar objetos que dice “encontrarse”. Nos vende repuestos y sueña con competir algún día en un torneo de reparación.
Sakamoto, un inspector de policía que se aparece de vez en cuando con preguntas que podemos responder o esquivar, según nos convenga. Le dice "compañera" a su reproductor de casete (sí, así como lo lees) y nos encarga, como primer trabajo, reparar una linterna Unicorp 99L.
Y hay muchos más, cada uno con una personalidad que cuesta olvidar. A medida que vamos conversando con los clientes, se nos revelan sus problemas personales y cómo se entrelazan con los de otros. Escuchar esas historias, y ver cómo cada quien se relaciona con su propia tecnología, es de lo más gratificante que tiene el juego.
Hay un guiño que me hizo mucha gracia, y es una referencia clarísima al manga Gokushufudō (conocido en español como Yakuza: amo de casa), escrito e ilustrado por Kousuke Oono. Ahí conocemos a Tatsu, un yakuza temido y sanguinario apodado «el Dragón Inmortal», que decide dejar el crimen atrás para convertirse en amo de casa y apoyar a su esposa Miku, quien trabaja como asalariada. Dentro de ReStory, ese homenaje toma la forma de Kaito, el hijo de Hashimoto. Este mantiene la estética, la intimidación y los modales del hampa japonesa clásica, pero acá se muestra mucho más cercano y humano, encajando sin problema en el ambiente nostálgico del juego.
El corazón del gameplay: desarmar es entender
Cada jornada laboral tiene un inicio y un final bien marcados. Durante el día recibimos pedidos, los reparamos, limpiamos, pintamos o les pegamos algún sticker antes de entregarlos. Suena sencillo, ¿verdad? Pues no es tan así, he ahí la verdadera gracia de este trabajo: ReStory nos termina enseñando, casi sin querer, cómo se arma y se sostiene un negocio de reparaciones de verdad.
Todo arranca por cómo conseguir el producto. Muchos personajes se nos acercan directamente a pedirnos un arreglo, pero esa no es la única vía: también llegan pedidos por medio de solicitudes de email, que debemos revisar en el ordenador, aceptar según lo que pidan y esperar a que el repartidor los entregue en la ventanilla del local.
Una vez que tenemos el artefacto en las manos, toca revisarlo. Y soy enfático en la palabra “revisar”, no repararlo ni limpiarlo apenas llega. El juego nos obliga a desarmarlo por completo para entender qué le pasa, el correo del cliente y la ficha técnica nos dicen qué quiere, pero no cuál pieza está rota o cuál solo está sucia, y eso solo es posible descubrirlo al desmontar todo (con el tiempo desarrollamos algo de ojo experto y ya no hace falta desarmarlo entero para intuirlo, lo cual se agradece).
Debemos desmantelar los productos pieza por pieza para descifrar qué debe ser repuesto o limpiadoCon destornillador y brocha en mano, mi primer paciente fue un Pokia, toda una referencia al Nokia 3310 casi indestructible de esos años. El juego te orienta bastante en este punto, si tomamos una pieza sucia, nos indica que usemos la brocha para limpiar; si está rota, aparecerá un basurero bajo la mesa para descartarla. Al principio también nos señala qué tornillos sacar, aunque esa ayuda va bajando con el progreso, pero en ningún momento el juego nos indica qué pieza retirar primero; eso lo tenemos que ir descubriendo por nuestra cuenta. Me parece un acierto en la jugabilidad el cómo nos permite relacionarnos con el diseño de los productos, esto genera una conexión mucho más íntima con cada aparato, sobre todo si tuviste ese mismo gadget en la vida real. En mi caso esa conexión llegó con la Nony PMP, la versión del juego de mi querida PSP, y no les voy a mentir, me sacó una gran sonrisa sentir que interactuaba y personalizaba una de mis consolas portátiles favoritas.
Repuestos, licencias y el "grindeo" que le da sentido a todo
La segunda gran dificultad aparece cuando, al desarmar un producto, nos damos cuenta de que necesita una pieza que no tenemos, una pantalla, por ejemplo. Acá el juego nos ofrece dos caminos. El primero es un marketplace online donde usuarios venden sus propios productos (semi nuevos o usados), los cuales puedes comprar y desarmar para obtener repuestos. En la página de venta online, cada publicación cuenta con su descripción y precio: hay piezas casi nuevas con cinco estrellas que tienen detalles escritos como "la compré y no me gustó, ahora la vendo", cómo tambien hay publicaciones de dos estrellas con comentarios como "a un cliente se le quedó en el local, no enciende, prefiero venderla antes que tirarla". Lamentablemente el juego no te permite regatear como uno suele hacerlo en la vida real, pero sí puedes conseguir repuestos bastante más baratos que los oficiales. El segundo camino es justamente ese: pedir la pieza oficial, más cara pero mucho más eficiente, porque llega directo en buen estado, sin necesidad de desarmar la consola para evaluarla.
Sistema de marketplace y compra de licenciasCon el repuesto en mano, podemos terminar la reparación y entregar el pedido, ya sea enviándolo o dejándolo en el mostrador para que el cliente pase a buscarlo. Pero a veces no podrás reparar todos los productos que te traigan a la tienda, y acá se aparece una tercera dificultad: A veces habrá personajes que nos pidan arreglar algo para lo que todavía no tenemos licencia oficial. Eso implica ponernos a trabajar para juntar el dinero y comprar el certificado de reparación correspondiente antes de poder avanzar en la historia, es decir, debemos "grindear" dinero. Lejos de sentirse como relleno, este sistema de licencias es uno de los grandes atractivos del juego: nos permite acceder a una variedad enorme de productos, desde reproductores de casete antiguos hasta Nintendo DS, dándonos un sentido de progresión real.
El dinero, además, no se va solo en licencias y repuestos. También desbloquea herramientas que agilizan el trabajo y habilitan tareas nuevas, como pintar, personalizar, soldar e incluso programar los aparatos que ya creíamos dominados.
El alma "cozy" de la tienda
Hay dos elementos, más allá de reparar, que marcan el ritmo del progreso.
La reputación del local: en cierto punto un personaje nos cuenta que la gente está dejando reseñas de nuestro trabajo en una app que ni siquiera teníamos instalada. Una vez que la instalamos, empezamos a ver cómo cada servicio entregado suma (o resta) reseñas. Mantenerlas positivas es clave para que la demanda crezca y la historia avance sin trabas.
La calidez del local: personalizar el espacio de trabajo, con plantas, figuras a escala, muros reparados y pintados, repisas nuevas, es central en un juego que se define a sí mismo como "cozy" (o sea, acogedor). Además de ser parte de los desafíos y trofeos de Steam, esta calidez también repercute en cómo los personajes principales, los que mueven la historia, mejoran su relación con nosotros y con la tienda.
¿Abrirías tu propia tienda?
ReStory es, ante todo, una obra de nicho: pensada para quienes disfrutan la simulación de reparación y sienten hambre por la nostalgia tecnológica de los años 2000. Dicho de otra forma: pensada para mí.
Sus mecánicas arrancan simples y se van complejizando con el progreso, entregando una sensación real de profesionalismo, la misma que sentimos cuando intentamos batir nuestro propio récord mental de cuánto tardamos en desarmar y armar una Nony PMP. Quienes disfrutan la compra online también tienen su espacio, buscando repuestos o piezas para decorar la tienda. Y las interacciones con los personajes son, sin dudas, uno de los puntos más altos del juego: desde el turista que habla en jerga japonesa hasta la camarera del maid café que vende objetos olvidados por los clientes, cada uno deja huella.
El clasico Nokia 3310 (Pokia en el juego) siendo pintadoAhora, no todo es perfecto, y prefiero contarlo con la misma honestidad con la que cuento lo bueno. Los controles se sienten bien adaptados en general, pero pierden algunas funciones importantes en el camino: en PC, la barra espaciadora activa una "pista" que nos indica qué pieza falta sacar o colocar, y esa opción simplemente no existe si jugamos con mando. Durante mi partida jugando con control, el cursor tampoco ayuda del todo, era algo lento y poco amigable, estaría bueno que se detuviera (o bajara la velocidad) cerca de los objetos con los que podemos interactuar, porque la precisión con joystick nunca es la misma que la de un mouse, por más lento que lo movamos. Y, siendo latino, agradezco muchísimo que el juego esté en español, pero es un español muy España: la jerga y las expresiones propias de España le complican la lectura fluida a quienes venimos de otros países hispanohablantes.
Mini reseña de Restory: Chill Electronics Repair - por @Martosty94Con todo esto sobre la mesa, ¿vale la pena colgar el cartel de "abierto" en esta tienda? Para mí la respuesta es un sí rotundo. Pocas veces un juego logra hacerme valorar, con tanto cariño, el lugar que ocupamos los consumidores y restauradores hoy en esta industria.






