Magia, estrategia y una pizca de suerte
Hay juegos que se juegan con la cabeza y otros que dependen de la suerte. Seferia: Matrix pide un poco de las dos. Cuando nos damos cuenta, llevamos un buen rato bloqueando gemas y calculando combinaciones. Y rezamos para que la siguiente tirada traiga justo la que falta. Lo desarrolla y publica SurvivalTaktix, un estudio independiente de Seongnam, en Corea del Sur. Es su segundo juego, con el que da el salto de los dispositivos móviles Android a Steam. Llegará el 9 de noviembre de 2026 en su versión completa, y su demo está disponible durante el Steam Next Fest.
La propuesta recuerda a Yahtzee. Tiramos las gemas,
bloqueamos las que nos interesan y buscamos la mejor combinación para conjurar
hechizos en una academia de magia. Tras probar la demo, la primera impresión ha
sido muy buena.

Una academia de magia que se juega con gemas
Seferia: Matrix es un roguelike de magia que se juega con gemas en lugar de dados normales. Hay seis tipos de gemas, cada uno con su color y su forma, y el juego las llama «fases». Las reglas del Yahtzee sirven aquí como lenguaje. Cada hechizo se activa con una fórmula concreta de gemas, y su daño depende de dos valores: la potencia y la amplificación. Cada «asignación» nos impone un daño mínimo que debemos superar con un número limitado de lanzamientos. Si lo conseguimos, avanzamos y elegimos mejoras para la siguiente, más exigente. Si caemos, no lo perdemos todo, porque las mejoras permanentes nos dejan un poco más fuertes en la partida siguiente.
La aventura arranca con un tutorial que nos explica cómo funciona el juego y cómo se gana. Al iniciar cada partida, elegimos una de las tres escuelas disponibles: Nihila, Materia y Arcana. Cada una aporta una mejora inicial y un hechizo insignia propio. Además, podemos escoger uno de los ocho cursos que podremos completar.
Con todo seleccionado, el juego nos entrega un artefacto entre las 122 opciones posibles. Estos objetos nos ayudan, con distintas mecánicas, a alcanzar el daño necesario para completar la asignación de turno.

Los artefactos, el corazón de todo
Cada hechizo tiene dos valores: la potencia y la amplificación. Nihila: Explosión, por ejemplo, empieza con una potencia de cuatro y una amplificación de 3,0, y el daño sale de combinar ambos. Los artefactos son objetos especiales que se suman a nuestra partida y hacen crecer esos valores de formas ingeniosas y, a menudo, desmedidas. Cada uno aporta una mecánica propia.
Ahí está el gran acierto del diseño. Seferia: Matrix no nos pide memorizar un manual de estrategia, sino improvisar sinergias con lo que cada partida nos ofrece. Un inicio flojo puede salvarse si aparece la pieza que une el puzle. Y las mejores partidas son aquellas en las que, a mitad de camino, descubrimos que hemos construido una máquina absurda sin habérnoslo propuesto. Los números empiezan a encadenarse y crecen sin control. Es la misma dosis de dopamina de Balatro cuando los comodines empiezan a hacer efecto. La pantalla se llena de cifras que nos hacen sentir genios del cálculo. Spoiler: no lo somos, simplemente el juego nos ha dejado serlo.

Riesgo, recompensa y esa sensación de «casi»
Entre una asignación y la siguiente, el juego nos permite seguir construyendo a nuestro mago con tres tipos de objetos: artefactos, grimorios y sigilos. Los grimorios suben el nivel de un hechizo y, con él, sus valores. Por ejemplo, el de Materia: Vínculo Doble aumenta su nivel en uno y hace que la potencia pase de 43 a 63 y la amplificación, de ocho a diez. Los sigilos, en cambio, actúan sobre nuestra mano. Uno de ellos convierte en gemas celestes dos gemas aleatorias que no estén fijadas.
Pero no podemos acumularlo todo. Solo cabe un número limitado de artefactos y sigilos, y en la cantina cada compra cuesta monedas. Allí podemos adquirir más artefactos y objetos consumibles, o pagar para reabastecer lo que se ofrece. Así, cada compra es una apuesta. ¿Invertimos en reforzar un hechizo concreto o diversificamos? ¿Guardamos las monedas para una compra mejor o gastamos ya en ese artefacto que parece prometedor?
Esa tensión entre ahorrar y gastar es lo que sostiene el ritmo, y nos deja siempre a un paso de la gloria o del desastre. Muchas derrotas llegan por una sola gema que no sale o por un lanzamiento mal medido. Esa sensación de «casi» es justo lo que nos empuja a volver a intentarlo. Es la fórmula clásica del roguelike: perdemos, aprendemos, volvemos.

Lo que no brilla tanto
Ningún juego es perfecto, y este todavía tiene aristas, algo normal tratándose de una demo. La suerte tiene un peso considerable: hay partidas que se escapan por una gema que no sale, sin que hayamos hecho nada mal, y otras que se ganan solas con una buena racha. Para algunos jugadores esa dependencia del azar puede resultar frustrante, sobre todo en las asignaciones más exigentes. También es un juego que invita a repetir partidas, y quien busque una narrativa profunda puede sentirlo limitado en su propuesta. Además, su enfoque en el cálculo puede intimidar a quien no disfrute de los números.
Por último, se nota la falta de un tutorial más pausado. El juego explica lo básico, pero muchas sinergias se descubren a base de prueba y error, y términos como «fases», «asignaciones» o «grimorios» no ayudan al principio. Es parte de su identidad, aunque algún jugador novato puede sentirse perdido durante las primeras partidas. A eso se suma la localización al español, con textos todavía en inglés, como la etiqueta «Common» de los grimorios y los sigilos. Es un detalle menor, pero conviene revisarlo antes del lanzamiento.

Conclusión
Seferia: Matrix parece sencillo hasta que lo probamos. Toma una idea reconocible, el Yahtzee, y la convierte en un roguelike de magia con gemas, fórmulas de hechizo y un sistema de artefactos que premia la creatividad. Tiene ese punto adictivo de querer probar una combinación más, y los momentos en que todo encaja y el daño se dispara son su mejor carta. Todavía necesita pulido, sobre todo en la localización al español y en un tutorial más claro, pero la base es muy buena para tratarse de una demo.
A quienes disfruten de los roguelikes, de los juegos de
dados o de los sistemas que se pueden romper de formas inesperadas, les espera
aquí mucha diversión. Y si Balatro les enganchó, este es un candidato
claro para la lista. Solo necesita que digamos «una tirada más».